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La noticia fue confirmada por su hermano Eduardo a través de redes sociales, quien expresó: “Rodeado del amor de su familia y amigos, Pablo partió este lunes de este mundo”. Cánepa sufría ataxia cerebelosa idiopática, un cuadro progresivo que lo dejó paralizado pero con plena lucidez, lo que le permitió participar activamente en el debate público sobre la eutanasia.

El deterioro de su salud comenzó en 2022 con mareos y problemas de equilibrio que se agravaron rápidamente. A pesar de múltiples estudios en Uruguay, Argentina y Estados Unidos, nunca se logró determinar con certeza el origen de la enfermedad. Su hermano explicó que lo más probable era un proceso autoinmune que afectaba las neuronas motoras sin posibilidad de regeneración.

Su lucha trascendió lo personal y se convirtió en bandera social. Junto a su familia acompañó el tratamiento legislativo de la iniciativa, defendiendo públicamente el derecho a elegir. Uruguay aprobó la ley el 15 de octubre de 2025, convirtiéndose en el tercer país de América Latina en legalizar la eutanasia, después de Colombia y Ecuador. La reglamentación fue firmada en abril de 2026 por el presidente Yamandú Orsi.

Pablo junto a su familia. Foto: Ariel Grinberg

Diseñador gráfico y artista reconocido, Cánepa dejó un legado de fortaleza y compromiso. En una de sus últimas entrevistas, resumió su visión con una frase que hoy resuena como despedida: “Confieso que he vivido”. Su partida marca un hito en la historia de los derechos humanos en Uruguay y en la región.

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Autor: admin